EL CICLO SEXUAL Y EL EMBARAZO EN LAS CORREDORAS

El ciclo sexual.- En condiciones normales ocurre periódicamente sin interferir en la práctica deportiva. Cuando algunas mujeres sufren reglas muy dolorosas les es imposible entrenar, debiendo de guardar descanso los días que dure dicho periodo. Pudiendo atenuar estos dolores aplicando calor y evitando la exposición al frío.

Algunos estudios han llegado a afirmar que las mujeres atletas tienen reglas menos dolorosas, creyéndose que es por modificar alguna característica de origen espasmódico.

En las atletas de elite la falta de menstruación es algo muy frecuente. Una de las causas de esta amenorrea es el estar demasiado delgadas; se cree que con menos de 40 kilos de peso corporal desaparece la regla. También se puede producir amenorrea cuando el porcentaje de grasa corporal cae por debajo del 15%. El cuerpo lo interpreta como desnutrición y bloquea las dos finalidades del ciclo sexual femenino: liberar el óvulo maduro de los ovarios cada mes y preparar adecuadamente el revestimiento interno del útero para poder implantarse un óvulo fertilizado en el momento adecuado del mes.

El embarazo.- En esta situación transitoria y fisiológica de la mujer, sufren una serie de modificaciones fisiológicas que alteran el ritmo de entrenamiento de cualquier mujer. Sin embargo, y en contra de lo que se cree, en el embarazo, la práctica de ejercicio físico no solo no perjudica, sino que es beneficiosa y recomendable.

Vamos a dividir el embarazo en tres trimestres para poder analizar por separado sus implicaciones en la práctica deportiva, siempre que el embarazo sea normal y sin problemas.

Primer trimestre: se puede mantener la intensidad del ejercicio según se venia haciendo, salvo que haya alguna patología especifica que lo impida.

Se debe dejar de practicar deportes violentos por la estabilidad del feto dentro de la matriz. Dejar de realizar ejercicios de multisaltos, y suspended el entrenamiento o cualquier tipo de ejercicio si aparecen indicios de alguna emisión de tono rosado o hemorragia vaginal.

Teniendo estas precauciones ya no hay motivo para dejar de correr, aunque se notara una sensible disminución del rendimiento por la sensación de cansancio o aletargamiento que produce la progesterona, o por la retención de líquidos que producen los estrógenos.

Segundo trimestre: en este periodo ya existen unos cambios físicos externos, pues va modificándose la biomecánica corporal, incluida la postura. Se tiende a acentuar la lordosis lumbar, y por tanto, cambia el centro de gravedad. También se producen cambios en el sistema cardiovascular (aumenta el gasto cardiaco y la presión venosa), en el respiratorio (aumenta la ventilación pulmonar y se incrementa el consumo de oxigeno), en la sangre (se produce una pseudoanemia), y en el metabolismo en general. Todo esto hace que no sean recomendables esfuerzos muy exigentes. Lo ideal son rodajes suaves, caminatas largas y ejercicios de elasticidad y estiramientos.

Tercer trimestre: en este periodo tan cercano al parto, la única práctica deportiva recomendable es la preparación al parto. Ésta consta de una serie de ejercicios de fortalecimiento de la musculatura abdominal, glútea y perineal, así como ejercicios de relajación y técnicas de respiración.

Las atletas tienen una considerable ventaja, pues no han dejado de entrenar hasta finales del segundo trimestre, y tienen mucho mas desarrollada la musculatura especifica para el parto, y por lo tanto, sufrirán un periodo expulsivo del parto más corto que el de una mujer no deportista.

Tras el parto conviene reanudar cuanto antes la actividad física, empezando con unos pasos, unas horas después del parto, y aumentar cada día unos pocos más. Caminando se previene la trombosis de las piernas y se detiene el debilitamiento muscular.

Consejos para empezar a correr tras el parto:

  • Control médico para comprobar que no se sufre ninguna afección que impida correr.

  • Realizar periódicamente analíticas de sangre, pero pidiendo siempre el valor de la ferritina.

  • Tomar complejos vitamínicos y llevar una dieta adecuada.

  • Llevar un ritmo de carrera progresivo.